Ciclocomputadores inalámbricos

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El ciclocomputador con cable o inalámbrico: ¿para qué sirve hoy?

Frente al GPS, el ciclocomputador clásico conserva dos ventajas claras: no hay que recargarlo y no exige nada más. Una pila dura varias temporadas, sin aplicaciones, cuentas ni sincronizaciones. Para quien solo quiere conocer su velocidad, la distancia recorrida y el kilometraje total, es la opción más sencilla.

Cómo mide los datos

Una imán fijado a un radio pasa por delante de un sensor colocado en la horquilla con cada vuelta de rueda. El ciclocomputador calcula la velocidad y la distancia a partir de la circunferencia de la rueda que se introduce al instalarlo. Es el único ajuste realmente importante: si no se introduce bien, todos los datos serán erróneos. Puede medirse con una cinta métrica o consultarse en la tabla del manual según el tamaño del neumático.

Inalámbrico o con cable

El inalámbrico (WL) elimina el cable que recorre la horquilla: un montaje más limpio y sin riesgo de que se arranque. Requiere una pila adicional en el sensor. El modelo con cable es imbatible en fiabilidad y precio, pero el cable se deteriora con el tiempo.

Las funciones según el modelo

  • Velocidad instantánea, media y máxima, distancia diaria y kilometraje total: las funciones básicas.
  • Elaltímetro añade el desnivel acumulado y la pendiente: eso distingue a los modelos de gama superior.
  • El temperatura y el reloj son habituales.
  • Algunos modelos admiten dos bicicletas y mantienen un kilometraje total distinto para cada una.

Cuándo conviene elegir un GPS

En cuanto quiera registrar sus salidas, consultarlas en Strava, seguir un recorrido o medir su potencia. El ciclocomputador clásico no registra nada: muestra los datos y nada más. Para el uso diario, una bicicleta urbana o una segunda bicicleta, es justo lo que hace falta.

Para ir más allá: Cómo elegir un ciclocomputador

Ver también: Ciclocomputadores GPS · Soportes para GPS y cámaras · Luces para bicicleta